Pocas cosas nos hacen sentir tan bien como dedicar unos minutos a desconectar del mundo. Y si además podemos hacerlo en una habitación calentita, sin móvil y con la única obligación de relajarnos, el plan empieza a sonar bastante apetecible. Hablamos de la sauna, ese ritual que asociamos con los spas y los viajes a países nórdicos, pero que también ha despertado el interés de la comunidad científica por sus posibles beneficios para la salud.
Porque sí, tomar saunas puede ser mucho más que una experiencia relajante. Eso sí, conviene recordar que la sauna no sustituye al ejercicio, a una alimentación equilibrada ni a ningún tratamiento médico. Sin embargo, utilizada bien y siempre que nuestro estado de salud lo permita, puede convertirse en un complemento interesante para nuestro bienestar. Te contamos qué dice realmente la ciencia.
Beneficios de usar la sauna
Favorece la circulación sanguínea
Uno de los efectos mejor conocidos de la sauna es su influencia sobre el sistema cardiovascular. Cuando nos exponemos a temperaturas elevadas, los vasos sanguíneos de la piel se dilatan y aumenta la frecuencia cardíaca. Es una respuesta natural del organismo para intentar regular su temperatura.
Algunos estudios han observado mejoras temporales en determinados parámetros relacionados con la función vascular después de una sesión de sauna. Sin embargo, esto no significa que el calor produzca exactamente los mismos efectos que practicar deporte.
Aunque nuestro corazón pueda latir más rápido, seguimos necesitando movernos y realizar actividad física para mantener una buena salud cardiovascular.
Reduce la presión arterial
Otro de los posibles beneficios de la sauna está relacionado con la presión arterial. Algunas investigaciones han encontrado que las sesiones de sauna pueden producir una disminución temporal de la presión arterial y que su uso habitual podría estar asociado con mejores indicadores cardiovasculares. También existen estudios, realizados en Finlandia, que relacionan una mayor frecuencia de uso de la sauna con un menor riesgo de determinados problemas cardiovasculares.
Pero hay un matiz fundamental: estos resultados no demuestran que la sauna sea la causa directa de esa reducción del riesgo. Además, buena parte de la investigación se ha realizado en poblaciones concretas, por lo que no podemos extrapolar sus conclusiones a todo el mundo.
Si tienes hipertensión, hipotensión o alguna enfermedad cardíaca, es importante consultar con tu médico antes de incorporar la sauna a tu rutina.
Favorece la relajación y el bienestar
Aquí encontramos uno de sus beneficios más fáciles de reconocer. Estar unos minutos en un ambiente cálido, sin interrupciones y dedicándonos tiempo puede resultar especialmente agradable. La sauna favorece la sensación de relajación y ayuda a aliviar la tensión muscular. Algunas personas también describen una mejor sensación de bienestar después de utilizarla.
En cuanto al estrés y el sueño, existen estudios que apuntan a posibles beneficios, pero la evidencia todavía es limitada. No podemos afirmar que una sesión de sauna trate el insomnio o los trastornos de ansiedad.
¿La sauna ayuda a adelgazar o a eliminar toxinas?
Aquí toca desmontar dos de los mitos más populares. Es cierto que podemos pesar menos justo después de una sesión, pero esa pérdida se debe al agua que eliminamos al sudar, no a una reducción significativa de grasa corporal. Cuando nos rehidratamos, recuperamos buena parte de ese peso.
Tampoco necesitamos la sauna para desintoxicarnos. Nuestro hígado y nuestros riñones se encargan de procesar y eliminar muchas sustancias de desecho, y sudar más no significa que estemos limpiando nuestro organismo de manera extraordinaria. La sauna puede tener beneficios, pero no hace falta atribuirle superpoderes.
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