Hay una pregunta que nos hacemos todas en cuanto llegan los treinta grados: ¿cómo consigue esa persona salir impecable en una boda de verano cuando yo ya me he derretido caminando cinco minutos hasta el coche? Porque el calor tiene un talento especial para poner a prueba cualquier rutina de maquillaje. De repente, esa base que en invierno era perfecta desaparece de la nariz, el corrector decide instalarse en las líneas de expresión y el eyeliner empieza a tener ideas propias.
La buena noticia es que conseguir que el maquillaje aguante más tiempo no depende únicamente de comprar productos carísimos o de utilizar veinte pasos diferentes. De hecho, muchas veces tiene más que ver con pequeños detalles: preparar bien la piel, elegir las texturas adecuadas y asumir que, cuando hay cuarenta grados, quizá no sea el día ideal para llevar una base de cobertura total. Porque sí, el maquillaje puede sobrevivir al calor. Solo necesita un poco de estrategia
Cómo conseguir maquillaje intacto incluso con calor y sudor
Empieza por una piel bien preparada
Todo maquillaje bonito empieza antes del maquillaje. Una piel limpia e hidratada consigue que los productos se integren mejor y duren más tiempo. Eso sí, en verano merece la pena apostar por fórmulas ligeras que no aporten una sensación pesada desde el principio.
Menos producto, mejores resultados
Este consejo duele, pero funciona. Cuando hace mucho calor, aplicar varias capas de base, corrector y polvos suele terminar exactamente igual: desapareciendo a mitad del día. Utilizar menos cantidad y trabajarla bien hará que el resultado se vea más natural y resista mejor.
Cambia las texturas
El verano tiene sus propias reglas. Las fórmulas ligeras, los tintes faciales y los productos en crema suelen integrarse especialmente bien con la piel y aportan ese acabado fresco que resulta mucho más favorecedor cuando las temperaturas suben.
Los polvos siguen teniendo sentido
Durante años parecieron desaparecer de nuestras rutinas, pero han vuelto por una razón. Aplicados estratégicamente en zonas como la frente, la nariz o la barbilla, ayudan a controlar los brillos sin convertir el rostro en una máscara mate.
El spray fijador es tu mejor amigo
Si tuviera que quedarme con un único producto para el verano, probablemente sería este. Un buen spray fijador consigue que el maquillaje aguante mejor el paso de las horas y aporta una tranquilidad maravillosa cuando sabes que te esperan una terraza, una cena y probablemente una ola de calor.
No te olvides de las cejas y las pestañas
Hay algo curioso: cuando el resto del maquillaje desaparece, las cejas y las pestañas siguen sosteniendo gran parte del rostro. Por eso merece la pena apostar por productos de larga duración o resistentes al agua, especialmente si tienes un evento importante.
Lleva siempre papel secante en el bolso
Es uno de esos trucos que aprendes con el tiempo. Antes de añadir más polvos sobre el rostro, elimina el exceso de brillo con un papel secante. La piel se verá más fresca y evitarás esa acumulación de producto que aparece al final del día.
Acepta que el verano tiene sus normas
Quizá este sea el consejo más importante de todos. Tu maquillaje no va a verse exactamente igual a las cuatro de la tarde en agosto que a las diez de la mañana de un día de febrero. Y está bien. El objetivo no debería ser parecer recién maquillada durante doce horas, sino seguir teniendo buena cara cuando llegues a casa.
El secreto está en adaptarse
El calor, el sudor y la humedad forman parte del verano, igual que las cenas al aire libre y los atardeceres que se alargan más de la cuenta. Por eso, en lugar de luchar contra ellos, quizá merezca la pena adaptar nuestra forma de maquillarnos.
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