Pasamos buena parte del día sentadas frente al ordenador, mirando el móvil o adoptando posturas que probablemente harían suspirar a cualquier fisioterapeuta. Y aunque solemos relacionar estos hábitos con el dolor de espalda, las molestias cervicales o la tensión muscular, últimamente también ha surgido una pregunta bastante curiosa: ¿puede nuestra postura corporal influir en la microbiota intestinal? Porque, al parecer, ya no basta con preocuparnos por cómo nos sentamos; ahora también queremos saber qué opinan nuestras bacterias.
La microbiota intestinal está formada por billones de microorganismos que participan en diferentes procesos relacionados con la digestión, el metabolismo y el funcionamiento del sistema inmunitario. Sabemos que factores como la alimentación, los medicamentos, la actividad física y determinados hábitos de vida pueden influir en su composición. Sin embargo, cuando hablamos de postura corporal, la relación es bastante menos directa de lo que algunos titulares pueden hacernos pensar.
Y aquí llega el matiz importante: no existen pruebas sólidas de que sentarnos con la espalda recta, encorvarnos o adoptar una postura concreta modifique por sí sola nuestra microbiota intestinal. Lo que sí sabemos es que la postura y el movimiento pueden afectar a determinadas sensaciones digestivas, mientras que el sedentarismo y la actividad física se han estudiado por su relación con la salud intestinal.
Qué relación existe entre la postura corporal y la microbiota
Para entender esta posible conexión, primero debemos distinguir dos conceptos que a menudo confundimos: el funcionamiento de nuestro sistema digestivo y la composición de nuestra microbiota intestinal. La postura puede influir en algunas sensaciones digestivas. Por ejemplo, tumbarnos inmediatamente después de comer puede favorecer los síntomas de reflujo en determinadas personas, mientras que permanecer incorporadas suele ser una recomendación habitual para quienes experimentan este problema.
Pero eso NO significa que cambiar de postura altere directamente las bacterias que viven en nuestro intestino. La microbiota responde a numerosos factores, y actualmente no podemos afirmar que una determinada posición corporal sea capaz de mejorar su diversidad o equilibrio.
- En otras palabras, sentarnos correctamente puede tener ventajas, pero no debemos esperar que nuestras bacterias intestinales organicen una fiesta cada vez que enderezamos la espalda.
El sedentarismo y la relación con la salud intestinal
Aunque la postura en sí misma no tenga un efecto demostrado sobre la microbiota, el tiempo que pasamos sin movernos y nuestros niveles de actividad física sí resultan interesantes. Diferentes investigaciones han encontrado asociaciones entre el ejercicio físico habitual y determinadas características de la microbiota intestinal. Algunos estudios también sugieren que la actividad física podría contribuir a modificar su composición, aunque los resultados dependen de factores como la dieta, la intensidad del ejercicio y las características de cada persona. Esto no significa que caminar veinte minutos transforme nuestra microbiota, pero sí refuerza la importancia de mantener una vida activa.
Además, el movimiento puede favorecer el tránsito intestinal en algunas personas y ayudar a combatir el estreñimiento. Y eso, independientemente de lo que ocurra con nuestras bacterias, ya puede mejorar bastante cómo nos sentimos. De hecho, hay que moverse, todos los días, al menos, media hora.
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