Hay dos momentos en cualquier viaje de larga distancia que siempre imaginamos mejor de lo que realmente son: el primero es el trayecto en avión (porque nadie duerme tan bien sentado como cree que va a hacerlo) y el segundo es el día después. Ese instante en el que llegas a Nueva York, Tokio o Los Ángeles y tu cuerpo decide que las tres de la tarde son, en realidad, las cuatro de la mañana.
El jet lag tiene una capacidad casi admirable para hacerte sentir cansada cuando deberías estar explorando una ciudad nueva y completamente despierta cuando por fin llega la hora de dormir. La buena noticia es que suele desaparecer por sí solo. La menos buena es que, mientras tanto, puede convertir los primeros días de un viaje en una mezcla un tanto extraña de emoción, sueño y una necesidad constante de café.
¿Qué es el jet lag?
El jet lag aparece cuando existe un desfase entre el reloj interno del organismo y el horario del lugar al que has viajado. Cuantos más husos horarios atraviesas, más probable es que aparezca. Por eso resulta muy habitual en vuelos intercontinentales y suele afectar más cuando viajamos hacia el este.
Cómo evitar el jet lag
Si tienes margen, uno de los mejores trucos consiste en adelantar o retrasar ligeramente tus horarios unos días antes del viaje. No hace falta revolucionar tu rutina, pero pequeños cambios en la hora de acostarte o de cenar ayudan a que la adaptación resulte algo más sencilla.
Cambia el reloj en cuanto subas al avión
Parece un gesto sin importancia, pero funciona. Ajustar la hora del móvil o del reloj al destino ayuda a empezar a pensar en el nuevo horario y evita esa extraña sensación de vivir en dos países al mismo tiempo.
La luz natural será tu mejor aliada
Si hay algo capaz de ayudar a tu reloj biológico, es la luz. Pasar tiempo al aire libre durante el día contribuye a que el organismo entienda más rápidamente cuándo debe estar despierto y cuándo toca dormir.
Hidrátate bien durante el vuelo
Las horas de avión tampoco ayudan. La baja humedad de la cabina favorece la deshidratación y hace que muchos lleguen al destino sintiéndose todavía más cansadas. Beber agua regularmente marcará la diferencia.
Cuidado con el café y el alcohol
Sabemos que ese café gigante del aeropuerto parece una buena idea. Y quizá lo sea, pero conviene utilizarlo estratégicamente. Consumir demasiada cafeína o alcohol cerca de la hora de dormir puede dificultar todavía más la adaptación al nuevo horario.
Intenta resistir la siesta eterna
Este probablemente sea el consejo más difícil de todos. Cuando llegas a tu destino y descubres una cama cómoda, dormir cuatro horas parece una excelente decisión. Hasta que te despiertas a las dos de la madrugada completamente despejada. Si necesitas descansar, intenta limitar la siesta a unos veinte o treinta minutos.
Ten paciencia
Por desgracia, NO existe un botón que permita eliminar el jet lag. El cuerpo necesita tiempo para adaptarse y, en muchos casos, la mejor estrategia consiste simplemente en aceptar que los primeros días no serás la versión más descansada de ti misma.
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