Todas tenemos días en los que te sientas delante del ordenador y parece que podrías resolver todos tus pendientes antes de comer. Y otros momentos en los que llevas diez minutos leyendo el mismo correo y tu cerebro ha decidido que necesita vacaciones. ¿Te suena? Aunque solemos achacarlo todo al cansancio, al café que nos falta o a esa reunión que podría haber sido un mensaje, nuestro organismo funciona siguiendo distintos ritmos biológicos. Y no, no todos duran 24 horas.
Seguro que has oído hablar de los ritmos circadianos, esos que regulan buena parte de nuestro ciclo de sueño y vigilia. Sin embargo, hay otros menos conocidos que también forman parte de nuestra vida: los ritmos ultradianos. Su nombre puede sonar a concepto de examen de biología, pero entenderlos resulta bastante más sencillo de lo que parece.
La clave está en que nuestro cuerpo no funciona como una máquina que mantiene exactamente el mismo nivel de actividad durante todo el día. Existen ciclos de distinta duración que influyen en procesos tan importantes como el sueño, la liberación de determinadas hormonas o la actividad cerebral.
Qué son los ritmos ultradianos
Los ritmos ultradianos son ciclos biológicos que se repiten varias veces dentro de un periodo de 24 horas. Es decir, duran menos de un día y forman parte del funcionamiento habitual de nuestro organismo. Uno de los ejemplos más claros aparece mientras dormimos. A lo largo de la noche atravesamos diferentes fases del sueño, incluidas las fases no REM y REM, que se suceden en ciclos de aproximadamente 90 a 120 minutos, aunque su duración puede variar de una persona a otra y de un momento de la noche a otro.
También existen ritmos ultradianos relacionados con la secreción pulsátil de algunas hormonas y otros procesos fisiológicos. En definitiva, nuestro cuerpo tiene varios relojes funcionando a la vez, aunque no todos marquen las horas de la misma manera.
Quizá hayas escuchado que estos ritmos explican por qué podemos concentrarnos durante 90 minutos y después necesitamos descansar. Es una idea popular en el mundo de la productividad, pero conviene matizarla: no existe una regla científica universal que establezca que todas las personas deban trabajar en bloques exactos de 90 minutos. La atención y la fatiga dependen de muchos factores, desde el descanso nocturno hasta la dificultad de la tarea.
En qué se diferencian los ritmos ultradianos de los circadianos
La principal diferencia es su duración, aunque también cumplen funciones distintas.
- Los ritmos circadianos siguen ciclos de aproximadamente 24 horas. Están coordinados por nuestro reloj biológico interno y reciben señales del entorno, especialmente de la luz y la oscuridad. Participan en la regulación del sueño, la temperatura corporal, la liberación de melatonina y otros procesos que cambian a lo largo del día.
- Los ritmos ultradianos, en cambio, se repiten en intervalos más cortos. Un mismo proceso puede completar varios ciclos antes de que termine el día.
Para entenderlo mejor, imagina que los ritmos circadianos organizan la agenda general del organismo, mientras que los ultradianos se encargan de algunos de los ciclos que suceden dentro de esa agenda. Unos establecen el marco diario y otros funcionan a una escala temporal más pequeña.
Además, ambos pueden relacionarse entre sí. Por ejemplo, el momento en el que nos dormimos está influido por el sistema circadiano y la presión de sueño acumulada, mientras que la alternancia entre las distintas fases del sueño presenta una organización ultradiana.
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