Hay zonas de nuestro cuerpo a las que no prestamos demasiada atención hasta que un día las tocamos. Hablo de los talones cuando empiezan a sentirse especialmente ásperos, cuando aparece una pequeña dureza en el pie justo donde roza el zapato o descubrimos que los b tienen una textura bastante diferente a la del resto de la piel. Nuestra primera reacción suele ser bastante sencilla: necesitamos más crema. Y aunque en algunos casos puede ayudar, detrás de ese engrosamiento también puede encontrarse lo que conocemos como hiperqueratosis. El término suena bastante más preocupante de lo que suele ser. Así que, tranquilidad, hoy te explicamos lo que es.
Qué es la hiperqueratosis y por qué aparece
La hiperqueratosis se produce cuando aumenta el grosor del estrato córneo, la capa más superficial de la epidermis. En la práctica, esto hace que determinadas zonas se vean o se sientan más gruesas, secas, duras o ásperas. Dependiendo de la causa, puede aparecer en forma de callosidades, pequeñas áreas engrosadas o lesiones más extensas.
Y aquí encontramos el primer punto importante: la hiperqueratosis no es una única enfermedad. Es una característica que puede aparecer en diferentes situaciones. Una de las causas más frecuentes es bastante fácil de entender: nuestra piel intenta protegerse. Cuando una zona está sometida continuamente a presión o fricción, el organismo responde aumentando el grosor de su capa externa. Es exactamente lo que ocurre con muchos callos y durezas de los pies. Por eso ese zapato precioso que insiste en rozarte siempre en el mismo sitio puede acabar dejando algo más que una pequeña molestia después de una noche fuera.
La sequedad también puede empeorar su aspecto
Una piel muy seca suele mostrar con mayor facilidad descamación, aspereza y engrosamiento. Zonas como talones, rodillas y codos tienen tendencia a presentar una textura más gruesa, por lo que suelen necesitar productos formulados específicamente para suavizar la acumulación de células en la superficie.
También aparece en algunas enfermedades de la piel
No todas las hiperqueratosis están provocadas por el roce. Por lo que, las alteraciones dermatológicas como la psoriasis, determinados tipos de eccema, la queratosis pilaris o algunas formas hereditarias de hiperqueratosis pueden producir un engrosamiento de la piel. Por eso, si aparece de repente, afecta a una zona extensa o se acompaña de picor, dolor, inflamación o lesiones que no reconoces, lo adecuado es consultar con un dermatólogo.
Cómo puedes tratarla
Depende completamente de la causa. Cuando hablamos de una dureza provocada por presión, eliminar o reducir aquello que produce el roce resulta tan importante como tratar la propia piel. Cambiar de calzado, utilizar plantillas adecuadas o proteger determinadas zonas puede evitar que vuelva a aparecer continuamente.
La hidratación es imprescindible
Pues sí, lo es. Una buena crema corporal con ingredientes humectantes y emolientes suele mejorar mucho la textura de las zonas hiperqueratósicas, ya que ayudan a mantener la piel más flexible y confortable. En áreas especialmente secas funcionan bien las fórmulas más densas, sobre todo cuando se utilizan de manera constante. Y aquí la constancia importa bastante más que tener quince productos diferentes en el cuarto de baño.
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