Hay perfumes que huelen a flores, otros que nos recuerdan a un bosque y después están aquellos que consiguen que alguien se acerque y pregunte si acaba de salir una tarta del horno. Vainilla, caramelo, chocolate, café, miel, praliné, almendra… Si alguna vez has pensado que una fragancia olía lo suficientemente bien como para comérsela, probablemente estabas delante de un perfume gourmand.
Y no, no estamos hablando simplemente de perfumes dulces. El universo gourmand se ha convertido en una de las familias más reconocibles de la perfumería contemporánea y también en una de las más fáciles de identificar incluso cuando no sabemos demasiado sobre notas olfativas. Son fragancias construidas alrededor de acordes que recuerdan a alimentos, postres o bebidas y que pueden ir desde una vainilla cremosa y discreta hasta composiciones intensas que recuerdan literalmente a una pastelería.
Qué significa que un perfume sea gourmand
La palabra francesa gourmand está relacionada con el gusto por comer y, trasladada a perfumería, se utiliza para describir fragancias con notas o acordes que evocan ingredientes comestibles y especialmente dulces. Tal y como explica The Perfume Society, esta familia se materializa a través de notas como vainilla, caramelo, chocolate, miel, algodón de azúcar y café, entre otras. Por lo que, no solamente pensamos “huele bien”, sino “esto me recuerda a algo que podría comer”.
Tipos de fragancias gourmand
Vainilla
Si existe una nota que asociamos con los perfumes gourmand, es la vainilla. Puede recordar a crema pastelera, azúcar, helado o repostería, pero su comportamiento cambia muchísimo dependiendo de aquello con lo que se combine. Junto a maderas puede resultar cálida y sofisticada; acompañada de caramelo puede volverse intensamente dulce y con flores puede adquirir un carácter mucho más luminoso.
Chocolate, cacao y praliné
Aquí entramos directamente en territorio postre. El cacao aporta facetas amargas, tostadas o cremosas, mientras que los acordes de praliné suelen resultar más dulces y recuerdan a frutos secos caramelizados. Uno de los perfumes fundamentales para entender el desarrollo del gourmand moderno es Angel de Mugler, lanzado en 1992 y conocido precisamente por combinar facetas dulces con pachulí. La propia casa destaca en su construcción notas de praliné y pachulí.
Caramelo, miel y azúcar
Si quieres entender la faceta más golosa de esta familia, busca estas notas. El caramelo aportar una sensación tostada y cremosa; la miel introduce una dulzura más densa y característica, mientras que los acordes azucarados pueden recordar a algodón de azúcar, azúcar glas o incluso caramelos. Eso sí, encontrar “caramelo” dentro de las notas no significa que el perfume vaya a oler exactamente como abrir una bolsa de dulces. En perfumería hablamos muchas veces de acordes, construcciones realizadas con diferentes materias para recrear una impresión olfativa.
Café
Y aquí la familia empieza a ponerse especialmente interesante. Café, cappuccino, licor, ron o determinadas notas cremosas pueden crear perfumes que recuerdan a bebidas y postres sin resultar necesariamente infantiles. Un buen ejemplo es Black Opium de Yves Saint Laurent, cuya composición gira alrededor de un acorde de café acompañado de flores blancas y vainilla.
Almendra, pistacho y otros frutos secos
Los gourmand tampoco viven únicamente de azúcar. Almendra, avellana y pistacho pueden aportar facetas cremosas, tostadas o ligeramente dulces. Dependiendo de la composición, pueden recordar a mazapán, crema de frutos secos o repostería.
Google NewsCategoría: Perfumes
