Hay días en los que nos maquillamos con la intención de conseguir buena cara y terminamos utilizando tantos productos que el resultado tiene bastante más de elaboración que de naturalidad. Primero el bronceador, después el colorete, un poco de iluminador y, cuando queremos darnos cuenta, llevamos más capas de las que habíamos planeado. Por suerte, el universo beauty tiene una propuesta para simplificarnos la vida: el blonzer.
Su nombre nace de combinar blush y bronzer, es decir, colorete y bronceador, y su objetivo es conseguir ese tono cálido y sonrosado que asociamos con volver de vacaciones. Una piel luminosa, con las mejillas suavemente tostadas y un rubor natural, pero sin necesidad de pasar horas bajo el sol. Porque el efecto buena cara nos encanta; las consecuencias de exponernos sin protección, bastante menos.
Lo mejor es que no necesitamos comprar un producto nuevo para probarlo. Aunque ya existen fórmulas que combinan ambos efectos, también podemos conseguirlo con el colorete y el bronceador que tenemos en casa. La clave está en elegir tonos que armonicen, trabajar con poca cantidad y difuminar hasta que resulte imposible distinguir dónde termina uno y empieza el otro.
Qué es el blonzer
El blonzer es una técnica de maquillaje que fusiona la calidez del bronceador con el rubor del colorete para conseguir un acabado natural y luminoso. En lugar de utilizar ambos productos en zonas claramente diferenciadas, buscamos integrarlos sobre las mejillas para crear una transición suave.
El resultado se sitúa a medio camino entre una piel bronceada y unas mejillas ligeramente sonrojadas. No pretende marcar las facciones como el contouring, sino aportar dimensión y frescura. Podemos conseguirlo con un producto híbrido, con un colorete de matices tostados o mezclando dos fórmulas compatibles. Y aunque su efecto recuerde al verano, funciona perfectamente durante todo el año, especialmente cuando queremos devolver algo de calidez a un rostro apagado.
Cómo hacer la técnica blonzer paso a paso
Lo primero es preparar la piel con nuestra rutina habitual y, si queremos, aplicar una base ligera. Este maquillaje funciona especialmente bien cuando la textura natural del rostro sigue siendo visible, así que no necesitamos una cobertura excesiva.
Después, elige un bronceador que favorezca tu tono de piel y aplícalo suavemente en la parte alta de los pómulos, difuminándolo hacia las sienes. No buscamos una línea marcada, sino una sombra cálida y muy ligera.
A continuación, incorpora el colorete sobre esa misma zona, superponiéndolo parcialmente al bronceador. El secreto está en trabajar ambos colores hasta que se fundan. Puedes utilizar una brocha suave, una esponja o los dedos, dependiendo de la textura. Si prefieres simplificar todavía más, prueba con un colorete tostado que combine matices marrones y rosados. Así podrás conseguir un efecto parecido utilizando un único producto.
Qué tonos elegir para conseguir el efecto blonzer
La elección del color importa tanto como la técnica. En pieles claras pueden funcionar especialmente bien los melocotones suaves, rosas tostados y terracotas ligeros. Para pieles medias, los corales cálidos, tonos canela y rosas amarronados pueden aportar una calidez muy favorecedora. En pieles oscuras, los terracotas intensos, cobres, rojizos profundos y tonos baya cálidos permiten conseguir un resultado visible y luminoso sin que el color desaparezca al difuminarlo. En cualquier caso, estas son orientaciones, no reglas. Lo importante es encontrar una combinación que aporte vida al rostro y se integre con nuestro tono natural.
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