En el mundo existen dos tipos de personas: las que añaden unas gotas de salsa picante y las que consideran que una comida no está terminada hasta que empiezan a sudar. Si perteneces al segundo grupo, tenemos buenas noticias: el picante no solo sirve para darle emoción a nuestros platos, sino que algunos de sus compuestos también han despertado el interés de científico por sus posibles efectos sobre la salud.
La gran protagonista es la capsaicina, una sustancia presente en los chiles, las guindillas y determinados pimientos picantes, responsable de esa característica sensación de ardor que nos hace buscar desesperadamente algo que beber. Aunque sus efectos se han estudiado en relación con el metabolismo, el apetito y la salud cardiovascular, conviene distinguir entre resultados prometedores y beneficios. Porque una cosa es que la guindilla tenga propiedades interesantes y otra bastante diferente que una cucharada de salsa brava pueda compensar todos nuestros hábitos.
Además, no todos toleramos el picante de la misma manera. Mientras algunas personas disfrutan de él sin problemas, otras pueden experimentar ardor, molestias digestivas o empeoramiento del reflujo.
Qué le ocurre a nuestro cuerpo cuando comemos picante
Cuando comemos alimentos que contienen capsaicina, esta activa unos receptores sensoriales llamados TRPV1, relacionados con la percepción del calor y determinadas señales de dolor. Por eso sentimos que la boca está ardiendo aunque la temperatura del alimento sea perfectamente normal. También podemos sudar, enrojecernos o tener sensación de calor corporal. Lo curioso es que esta misma interacción ha llevado a estudiar la capsaicina por sus posibles efectos sobre diferentes procesos fisiológicos.
Beneficios del picante
Puede influir en el metabolismo
Uno de los beneficios más comentados del picante es su posible efecto termogénico. Algunas investigaciones sugieren que la capsaicina puede aumentar modestamente el gasto energético y la oxidación de grasas. Sin embargo, el efecto observado suele ser pequeño y no significa que comer picante provoque una pérdida de peso importante. De hecho, los estudios sobre suplementación muestran resultados modestos y no siempre consistentes.
- En otras palabras: añadir guindilla a la cena aporta sabor, pero no sustituye una alimentación equilibrada ni la actividad física (Ojalá adelgazar dependiera únicamente de nuestra tolerancia al chile, pero la ciencia todavía no ha llegado a esa conclusión).
Puede ayudar a regular el apetito
Algunos estudios también han observado que la capsaicina podría influir en la sensación de saciedad o reducir ligeramente la ingesta de alimentos en determinadas circunstancias. Eso sí, los resultados no son uniformes y todavía no podemos afirmar que comer picante sea una estrategia eficaz para controlar el apetito a largo plazo.
Además, la respuesta depende de muchos factores individuales, como la tolerancia al picante y la cantidad consumida. No necesitamos añadir cantidades insoportables para intentar conseguir un beneficio que, en cualquier caso, sería limitado.
Su relación con la salud cardiovascular
Aquí encontramos uno de los campos de investigación más interesantes. Algunos estudios observacionales han asociado el consumo habitual de chile con un menor riesgo de mortalidad general y cardiovascular. Pero existe un matiz fundamental: una asociación no demuestra que el picante sea directamente responsable de ese resultado. Las personas que consumen estos alimentos pueden tener también otros hábitos dietéticos y de vida que influyan en su salud.
Contiene antioxidantes
Los chiles y determinados pimientos también pueden aportar vitamina C, carotenoides y otros compuestos vegetales con actividad antioxidante. Eso no significa que cuanto más pique un alimento, más saludable resulte. Su valor nutricional depende de la variedad, la cantidad que consumamos y la preparación.
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