Hay días en los que te aplicas una mascarilla, un acondicionador sin aclarado y hasta ese aceite capilar que guardas como oro en paño, pero tu pelo sigue teniendo vida propia. Se encrespa, pierde la hidratación en tiempo récord o tarda una eternidad en secarse. Y tú, mientras tanto, preguntándote qué más necesita. Pues bien, puede que la respuesta no esté en añadir otro producto a tu rutina, sino en entender mejor cómo es tu cabello.
Porque, aunque solemos hablar mucho de si tenemos el pelo fino, grueso, liso, rizado, seco o graso, hay una característica que pasa bastante más desapercibida: la porosidad capilar. Y no, no es otro término complicado inventado para hacernos comprar más cosméticos. Tiene que ver con la facilidad con la que el cabello absorbe y pierde agua, y puede ayudarte a comprender por qué determinados productos te funcionan de maravilla y otros parecen no hacer absolutamente nada.
La buena noticia es que no necesitas convertirte en experta en tricología para empezar a tenerla en cuenta. Basta con conocer qué significa, qué factores pueden influir en ella y cómo adaptar algunos gestos de tu rutina. A veces el secreto de un pelo bonito no está en cuidarlo más, sino en cuidarlo de una manera que tenga sentido para él.
Qué es la porosidad del cabello
La porosidad capilar hace referencia a la capacidad del cabello para absorber y retener agua. Está relacionada, entre otros factores, con el estado de la cutícula, la capa externa de la fibra capilar, formada por pequeñas células superpuestas que actúan como una barrera protectora.
Cuando esa estructura está más compacta, la entrada y salida del agua puede ser más limitada. En cambio, cuando la cutícula presenta alteraciones o daños, el cabello puede absorber agua con facilidad, pero también perderla más rápidamente.
Aunque solemos dividir la porosidad en baja, media y alta, conviene recordar que se trata de una clasificación orientativa. Un mismo cabello puede presentar diferentes características según la zona, especialmente si las puntas acumulan años de tintes, decoloraciones o herramientas de calor.
Tipos de porosidad capilar y cómo reconocerlos
Cabello de porosidad baja
En este caso, la cutícula suele encontrarse relativamente compacta. El cabello puede tardar más en mojarse por completo y algunos productos, especialmente los muy densos, pueden dejar una sensación de acumulación o pesadez.
¿Qué suele funcionar mejor? Las fórmulas ligeras, aplicar el acondicionador sobre el cabello bien mojado y aclarar adecuadamente. No hace falta saturarlo de aceites para que esté cuidado.
Cabello de porosidad media
Es el punto intermedio. El cabello suele responder de manera equilibrada al lavado, al acondicionamiento y al peinado, aunque eso no significa que sea inmune a la sequedad o al daño.
En este caso, lo más útil es mantener una rutina constante, con champú adecuado, acondicionador y tratamientos adicionales cuando realmente sean necesarios.
Cabello de porosidad alta
Suele asociarse a una cutícula más alterada, algo frecuente en cabellos decolorados, teñidos repetidamente o sometidos a calor intenso. Puede mojarse con facilidad, pero también presentar más encrespamiento, aspereza, enredos o dificultad para conservar una sensación de suavidad.
¿La clave? Apostar por acondicionadores que reduzcan la fricción, mascarillas según las necesidades del cabello y productos sin aclarado que ayuden a mejorar su manejabilidad. También es importante limitar los procesos que puedan seguir dañando la fibra.
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