Podemos seguir una rutina facial de varios pasos con una disciplina admirable y, al mismo tiempo, acordarnos de las manos cuando empiezan a sentirse tirantes. Sequedad, aspereza, descamación e incluso pequeñas grietas son problemas frecuentes cuando llega el frío, pero la temperatura no es la única responsable. Algunas de nuestras costumbres diarias también tienen bastante que decir.
Lavarnos las manos repetidamente, utilizar agua muy caliente, entrar en contacto con detergentes o productos de limpieza y abusar de determinadas fórmulas agresivas puede alterar la barrera protectora de la piel, favoreciendo la pérdida de agua. A esto podemos sumar el frío, el viento y los ambientes secos provocados por la calefacción. Es decir, nuestras manos pasan el día enfrentándose a bastantes más cosas de las que solemos reconocerles.
La buena noticia es que pequeños cambios pueden marcar una diferencia considerable. Elegir productos de limpieza suaves, utilizar crema a diario y proteger las manos cuando están expuestas al frío o a determinados productos son algunas de las medidas más sencillas.
¿Por qué tengo las manos tan secas?
Una de las causas más habituales es, sencillamente, lavarlas muchas veces. El agua y determinados limpiadores pueden retirar parte de los lípidos naturales de la superficie cutánea, especialmente cuando utilizamos agua demasiado caliente. Si repetimos el proceso y nunca reponemos esa hidratación, la piel puede terminar más áspera y tirante.
El clima también influye. Durante los meses fríos suele disminuir la humedad ambiental y, en interiores, la calefacción puede resecar todavía más el ambiente. Además, las manos están especialmente expuestas porque rara vez reciben el mismo nivel de protección que otras zonas del cuerpo.
Los productos de limpieza doméstica son otro sospechoso habitual. Detergentes, desengrasantes y otros productos pueden resultar irritantes para la piel, sobre todo con exposiciones frecuentes.
Qué hacer para evitar las manos secas
Empieza revisando un gesto tan cotidiano como el lavado. Utiliza agua templada en lugar de muy caliente y apuesta por limpiadores suaves. Después, seca las manos sin frotar agresivamente y aplica una crema hidratante mientras la piel todavía conserva algo de humedad.
Busca fórmulas que combinen ingredientes humectantes, como la glicerina, con componentes emolientes y oclusivos que ayuden a reducir la pérdida de agua. Por la noche puedes utilizar una crema más rica si notas las manos especialmente secas.
También merece la pena utilizar guantes para limpiar, lavar platos o manipular productos irritantes, además de proteger las manos del frío cuando salimos a la calle. Y no olvides aplicar protector solar en el dorso cuando vaya a estar expuesto.
Si pese a estos cuidados aparecen grietas profundas, picor intenso, inflamación, dolor o la sequedad persiste, conviene consultar con un dermatólogo. Algunas veces no estamos simplemente ante unas manos secas, sino ante una dermatitis u otra afección que necesita tratamiento. La crema de manos puede vivir en nuestro bolso; el diagnóstico médico, mejor dejarlo fuera del neceser. Ese es mi consejo, aunque ante la duda, recuerda que un experto que evalúe tu caso concreto siempre es fundamental. Y ante todo, que no cunda el pánico.
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