En el cuidado de la piel hablamos a menudo de hidratación, de barrera cutánea o de sensibilidad. Pero detrás de todos estos conceptos hay componentes biológicos que hacen posible que la piel funcione correctamente. Uno de los más importantes (aunque menos conocidos) es la filagrina.
Esta proteína desempeña un papel clave en el equilibrio de la piel, especialmente en la hidratación y en la protección frente a agresiones externas. Cuando la filagrina funciona correctamente, la piel se mantiene más fuerte, flexible y equilibrada. Cuando su nivel disminuye, pueden aparecer problemas como sequedad, irritación o sensibilidad.
Qué es la filagrina
La filagrina es una proteína presente en la capa más externa de la piel, conocida como estrato córneo. Su nombre proviene de la expresión inglesa filament aggregating protein, ya que su función principal es agrupar las fibras de queratina dentro de las células cutáneas.
Este proceso permite que la piel mantenga una estructura compacta y resistente, formando una barrera protectora frente a factores externos.
El papel de la filagrina en la barrera cutánea
La barrera cutánea es la primera línea de defensa de la piel. Protege frente a agresiones ambientales como contaminación, cambios de temperatura o microorganismos, al mismo tiempo que evita la pérdida excesiva de agua.
La filagrina contribuye directamente a mantener esta barrera intacta. Gracias a su acción, las células de la piel se organizan de forma más compacta, lo que mejora la capacidad protectora de la superficie cutánea.
Relación con la hidratación de la piel
Cuando la filagrina se descompone de forma natural, genera compuestos que forman parte del llamado factor natural de hidratación de la piel. Este conjunto de sustancias ayuda a retener agua en la superficie cutánea. Por eso, la filagrina no solo participa en la estructura de la piel, sino también en su capacidad para mantenerse hidratada y flexible.
Qué ocurre cuando falta filagrina
En algunas personas, la producción de filagrina puede ser menor debido a factores genéticos o ambientales. Cuando esto ocurre, la barrera cutánea se debilita y la piel pierde agua con mayor facilidad. Esto puede traducirse en sequedad, sensación de tirantez, descamación o mayor sensibilidad frente a agentes externos.
En casos concretos, una alteración en la filagrina también se ha relacionado con ciertas condiciones cutáneas caracterizadas por piel muy seca o reactiva.
Factores que pueden afectar a la filagrina
Además de la genética, hay factores externos que pueden influir en el equilibrio de la filagrina. El uso de productos demasiado agresivos, la exposición prolongada a climas extremos o una limpieza excesiva pueden alterar la barrera cutánea.
Cuando esto sucede, la piel tiene más dificultad para mantener su hidratación natural.
Cómo cuidar la piel para proteger la filagrina
Aunque no es posible aplicar filagrina directamente en la piel, sí es posible cuidar el entorno que permite que funcione correctamente. La clave está en reforzar la barrera cutánea.
Esto implica utilizar limpiadores suaves, hidratar la piel de forma regular y evitar productos demasiado agresivos que puedan alterar su equilibrio natural.
Los ingredientes que ayudan a reforzar la barrera cutánea pueden contribuir indirectamente a mantener un entorno favorable para la función de la filagrina. Así que, apuesta por activos como el ácido hialurónico o las ceramidas.
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