Las aguas faciales llevan años formando parte del mundo de la cosmética, pero en los últimos tiempos se han convertido en uno de esos productos que cada vez aparecen más en rutinas de skincare. Y aunque muchas personas las utilizan a diario, todavía existe bastante confusión sobre qué hacen realmente o para qué sirven. Porque, aunque a simple vista puedan parecer simplemente ‘agua en spray’, la realidad es que su función depende mucho de la fórmula y de cómo se incorporen.
Qué son exactamente las aguas faciales
Las aguas faciales son fórmulas ligeras, normalmente en formato bruma o spray, pensadas para aplicarse directamente sobre el rostro. Algunas contienen simplemente agua termal o mineral, mientras que otras incorporan ingredientes calmantes, hidratantes o antioxidantes.
La idea principal suele ser aportar sensación de frescor y ayudar a mantener la piel más cómoda, especialmente en situaciones donde se siente tirante, deshidratada o expuesta a factores externos como calor, contaminación o aire acondicionado.
Precisamente por eso muchas personas las utilizan varias veces a lo largo del día sin necesidad de alterar el maquillaje o el resto de la rutina.
También existen aguas faciales con activos hidratantes
Además de las versiones más básicas, hay aguas faciales que incorporan ingredientes como ácido hialurónico, aloe vera, antioxidantes o extractos vegetales. Estas fórmulas buscan aportar algo más que frescor momentáneo y suelen enfocarse en mantener mejor la hidratación superficial o proteger la piel frente al estrés ambiental. Mis favoritas son las que llevas SPF, ya que estamos, que lo haga todo.
Cómo se utilizan correctamente
Una de las ventajas de las aguas faciales es que son bastante fáciles de incorporar en distintos momentos del día. Pueden utilizarse después de la limpieza, antes del sérum o la crema para aportar más confort a la piel, o incluso durante el día para refrescar el rostro. Algunas personas también las aplican sobre el maquillaje para reducir el efecto empolvado y dar un acabado más natural. Lo importante es no utilizarlas como sustituto de una hidratante cuando la piel necesita productos más completos.
Las aguas termales son las más conocidas
Dentro de este tipo de productos, las aguas termales son probablemente las más populares. Proceden de manantiales ricos en minerales y suelen utilizarse especialmente en pieles sensibles o reactivas por su efecto calmante. Hay quien las usa después de una limpieza facial, tras la exposición solar o incluso cuando la piel está más sensibilizada por tratamientos o cambios de temperatura.
También existen aguas faciales con activos hidratantes
Además de las versiones más básicas, hay aguas faciales que incorporan ingredientes como ácido hialurónico, aloe vera, antioxidantes o extractos vegetales. Estas fórmulas buscan aportar algo más que frescor momentáneo y suelen enfocarse en mantener mejor la hidratación superficial o proteger la piel frente al estrés ambiental. Aun así, siguen siendo un complemento, y deberían usarse como tal.
Para quién se recomiendan
Aunque prácticamente cualquier tipo de piel puede utilizarlas, se recomiendan especialmente para pieles sensibles, deshidratadas o expuestas constantemente a factores ambientales como calor, aire acondicionado o contaminación. También son bastante populares en verano (por motivos obvios) o en viajes porque ayudan a aliviar esa sensación de piel cargada o incómoda durante el día.
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