Ceramidas, ácido hialurónico, niacinamida… Cuando tenemos la piel sensible solemos buscar ingredientes que hidraten, calmen y ayuden a recuperar la barrera cutánea. Pero desde hace unos años hay otra palabra ocupando cada vez más espacio en las etiquetas de nuestros cosméticos: prebióticos.
Y no, no hablamos del yogur que desayunas ni de convertir el neceser en un pequeño laboratorio de bacterias. Los prebióticos aplicados a la piel forman parte de una nueva generación de cosméticos que intenta cuidar algo que hasta hace relativamente poco apenas aparecía en nuestras conversaciones beauty: el microbioma cutáneo.
Qué es el microbioma de la piel y por qué es importante
Nuestra piel está habitada por una enorme comunidad de microorganismos que incluye bacterias, hongos y virus. Lejos de ser simples pasajeros, estos microorganismos interactúan con la barrera cutánea y con nuestro sistema inmunitario y forman parte del equilibrio normal de la piel.
Cuando ese ecosistema se altera hablamos de disbiosis, un fenómeno que se ha relacionado con diferentes problemas dermatológicos, entre ellos la dermatitis atópica, la rosácea o el acné. Eso no significa que cualquier desequilibrio del microbioma provoque automáticamente una enfermedad (la relación es bastante más compleja), pero explica por qué la investigación cosmética está tan interesada en conservarlo.
Entonces, ¿qué son los prebióticos?
A modo de resumen podríamos decir que los prebióticos son sustancias destinadas a favorecer determinados microorganismos beneficiosos. Trasladado al cuidado de la piel, el objetivo de las fórmulas que los incorporan suele ser ayudar a mantener un microbioma cutáneo equilibrado y apoyar la función barrera.
Eso sí, no necesitamos empezar a tratar cada cosmético con prebióticos como si acabáramos de descubrir el ingrediente definitivo: la investigación sobre el microbioma cutáneo continúa evolucionando y el resultado de un producto depende de toda su formulación, no de una única palabra atractiva escrita en el envase. Podríamos imaginarlos como la comida de los buenos vecinos de nuestra piel. Muy simplificado, sí. Pero bastante más fácil de recordar.
Prebiótico, probiótico y postbiótico no son lo mismo
Aquí empieza uno de los grandes líos del skincare actual. Un prebiótico es el sustrato que determinados microorganismos pueden utilizar. Un probiótico, en sentido estricto, implica microorganismos vivos beneficiosos, algo especialmente complicado de incorporar a una fórmula cosmética por cuestiones de estabilidad, conservación y seguridad. Los postbióticos, en cambio, contienen microorganismos inactivados o componentes y productos derivados de ellos.
Por qué son buenos para las pieles sensibles
La piel sensible suele experimentar síntomas como la tirantez, el picor, el escozor, la sequedad o el enrojecimiento, y entre los mecanismos implicados se encuentran las alteraciones de la función barrera, una mayor respuesta neurosensorial, inflamación y cambios en el microbioma.
Por eso los cosméticos diseñados para respetar o modular ese ecosistema resultan muy interesantes.
Además, ayudan a reforzar la barrera cutánea. Ten en cuenta que una barrera alterada pierde agua con mayor facilidad y permite que determinados irritantes penetren más fácilmente. Por lo que, estos ingredientes con potencial prebiótico se investigan precisamente por su posible relación con una mejor función barrera, hidratación y menor pérdida transepidérmica de agua.
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