Durante años, la cirugía fue prácticamente la única opción para quienes querían reducir pequeños acúmulos de grasa localizada. Sin embargo, la medicina estética ha evolucionado y hoy existen tratamientos no invasivos que prometen mejorar el contorno corporal sin necesidad de pasar por un quirófano. Uno de los más conocidos es la criolipólisis, una técnica que utiliza el frío para actuar sobre determinadas zonas del cuerpo y que ha ganado una enorme popularidad en los últimos años.
Su atractivo es fácil de entender: no requiere anestesia, permite retomar la rutina prácticamente de inmediato y se presenta como una alternativa menos agresiva que otros procedimientos. Eso sí, conviene tener claras sus limitaciones. La criolipólisis no es un tratamiento para perder peso ni sustituye unos hábitos saludables. Su objetivo es tratar pequeños depósitos de grasa localizada en personas con un peso relativamente estable.
Qué es la criolipólisis y cómo se realiza el tratamiento
La criolipólisis es un tratamiento de medicina estética que utiliza temperaturas muy bajas para actuar sobre las células grasas. La teoría detrás de esta técnica es que los adipocitos son más sensibles al frío que otros tejidos, por lo que pueden verse afectados sin dañar de forma significativa la piel que los rodea.
El procedimiento es relativamente sencillo. Se coloca un aplicador sobre la zona a tratar, que succiona ligeramente el tejido y lo expone a una temperatura controlada durante un tiempo determinado. Las sesiones suelen durar entre 30 y 60 minutos, dependiendo del área tratada.
Qué zonas se tratan con más frecuencia
Como te decíamos la criolipólisis se utiliza especialmente para tratar grasa localizada. Abdomen, flancos, muslos, espalda, brazos o la zona bajo la barbilla son algunas de las áreas más habituales en las que se realiza este tratamiento.
Pero NO sirve para adelgazar y este es uno de los puntos más importantes. La criolipólisis no está diseñada para perder peso ni para tratar la obesidad. Funciona mejor en personas que ya mantienen hábitos saludables y quieren mejorar pequeñas acumulaciones de grasa resistentes a la dieta y al ejercicio.
Cuáles son sus principales ventajas
Uno de sus mayores atractivos es que no requiere cirugía. No hay incisiones, anestesia ni largos periodos de recuperación. Además, la mayoría de las personas retoman su actividad habitual inmediatamente después de la sesión.
Por otro lado, los resultados no son inmediatos. Por lo que si decides someterte a este tratamiento, necesitarás paciencia. Los cambios aparecen de forma progresiva durante las semanas y meses posteriores, ya que el organismo necesita tiempo para eliminar las células grasas afectadas.
También existen riesgos
Aunque se considera un procedimiento seguro cuando lo realiza un profesional cualificado, no está completamente exento de efectos secundarios. Enrojecimiento, sensibilidad, hematomas o sensación de adormecimiento temporal son algunas de las molestias más habituales. En casos poco frecuentes, también puede producirse una hiperplasia adiposa paradójica, una reacción en la que el tejido graso aumenta de tamaño en lugar de disminuir.
Elegir bien dónde hacerlo es fundamental
Como ocurre con cualquier procedimiento estético, el lugar importa. Ponerse en manos de profesionales con experiencia y acudir a centros que trabajen con equipos adecuados reduce riesgos y ayuda a obtener resultados más satisfactorios.
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