Durante años nos hemos acostumbrado a cocinar utilizando solo una parte de las frutas y verduras y tirando automáticamente el resto sin pensarlo demasiado. Hojas, tallos, pieles o partes que consideramos sobrantes terminan muchas veces directamente en la basura cuando, en realidad, muchísimas de ellas todavía tienen usos interesantes en cocina. Y precisamente ahora, en un momento donde cada vez prestamos más atención al aprovechamiento de los alimentos y al desperdicio alimentario, empieza también a cambiar la forma en la que entendemos estos restos vegetales. OJO, la idea no es aprovechar absolutamente todo a cualquier precio ni complicar la cocina diaria innecesariamente. Se trata más bien de entender que muchas partes de frutas y verduras que antes parecían inútiles todavía tienen sabor, textura o propiedades que pueden incorporarse fácilmente a tus recetas. Te enseñamos cómo en el blog de Primor.
Cómo aprovechar al máximo las hojas de las verduras y frutas
Las hojas también se comen
Uno de los ejemplos más claros son las hojas de muchas verduras. Las hojas de la zanahoria, la remolacha, la coliflor o los rábanos suelen acabar en la basura cuando en realidad pueden utilizarse perfectamente en distintas preparaciones. Muchas tienen un sabor bastante interesante y funcionan muy bien en cremas, salteados, pestos o incluso mezcladas en ensaladas. Además, aportan textura y ayudan a aprovechar muchísimo más el alimento completo. El problema es que durante años hemos asociado ciertas partes únicamente al descarte sin plantearnos realmente si eran comestibles o no.

Los tallos y el sabor
Los tallos son otra de las partes más infravaloradas en cocina. Algunos ejemplos son el brócoli, acelga, perejil o cilantro. Sin embargo, bien cocinados o cortados finos pueden incorporarse perfectamente a salteados, sofritos, caldos o cremas. Además, muchas veces concentran muchísimo sabor y aportan textura a recetas bastante simples sin necesidad de añadir más ingredientes.
El truco de las pieles
Siempre que estén bien lavadas y sean aptas para el consumo, muchas pieles de frutas y verduras pueden utilizarse muchísimo más de lo que pensamos. La piel de la patata, la zanahoria o incluso ciertas frutas puede cocinarse para hacer snacks crujientes, caldos o aportar más textura a algunas recetas. Además, tienen mucha fibra, por lo que me lo agradecerás. Ahora bien, es importante utilizar el sentido común y asegurarse de que las piezas estén en buen estado y correctamente limpias antes de consumirlas.
Durante años hemos asociado ciertas partes únicamente al descarte sin plantearnos realmente si eran comestibles o no.
Restos para hacer caldos
Una de las formas más fáciles de aprovechar restos vegetales es utilizarlos para preparar caldos caseros. Solo necesitas los tallos, hojas, extremos de verduras o partes que normalmente se descartan para crear una base con muchísimo sabor en arroces, sopas o guisos. Es una de las formas más sencillas de la cocina de aprovechamiento.
También cambia la forma de cocinar
Cuando empiezas a aprovechar más partes de frutas y verduras, automáticamente cambia también la relación con la comida. Se cocina de forma más consciente, se presta más atención a los ingredientes y muchas veces aparecen recetas o combinaciones que antes ni siquiera se habrían planteado. Además, ayuda muchísimo a valorar más los alimentos y reducir esa sensación de consumo rápido y automático.
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