¿Y si te dijéramos que el ácido mandélico puede cambiar tu vida (y el estado de tu piel)? Sí, sí... ¡Eso, y mucho más! Es uno de los alfahidroxiádicos (AHA) más utilizados, y al igual que otros activos como el ácido glicólico o el ácido láctico, este es el favorito de las pieles sensibles. ¡Te contamos por qué!
Qué es el ácido mandélico
El ácido mandélico posee una acción exfoliante más leve y menos agresiva que otros AHA y por eso está indicado para pieles sensibles, con rosácea, o si nunca has probado otro tipo de ácidos como el glicólico, que tiene un efecto similar, aunque es más irritante. Además, se emplea como producto antiedad y como tratamiento despigmentante. La gluconolactona o PHA se caracteriza por su potencial para incrementar la hidratación y su acción antioxidante y antiedad. Una combinación de ácidos suaves pensada para mejorar el aspecto general de la piel.
Por otro lado, es un ingrediente que procede de las almendras amargas, (mandel significa almendra en alemán) y tiene multitud de usos en cosmética.
Qué beneficios tiene el ácido mandélico
- Es blanqueador. Como te anticipábamos, es un despigmentante muy potente y tiene la capacidad de blanquear la piel y tratar las manchas por hiperpigmentación.
- Combate las bacterias. Es decir, es bactericida. Previene la aparición de brotes de acné y también es capaz de mejorar el aspecto de las marcas, reducir poros y puntos negros.
- Es antiedad. Todo ello gracias a sus propiedades exfoliantes y humectantes. Por otro lado, favorece la renovación celular y estimula la síntesis de colágeno, por lo que la piel se ve más jugosa y con menos arrugas.
- Repara labios agrietados y tiene la capacidad de eliminar células muertas de la piel.
¿Cómo usar el ácido mandélico?
Recuerda: es un AHA, y que sea menos irritante que otros, no significa que no debas tomar precauciones. No es fotosensibilizante, por lo que podrás seguir usándolo en verano. No obstante, te recomendamos que lo uses por la noche y que no olvides el protector solar. En cuanto a la forma de usarlo, hazlo como cualquier otro activo cosmético. Incorpóralo a tu rutina beauty a través de cremas, sérums, exfoliantes... Sin embargo, no olvides que no todos los activos funcionan igual en todas las pieles. Por lo que, si notas enrojecimiento o picor al principio, es normal. Tu piel todavía se está acostumbrando a él. Por lo que, te recomendamos que empieces a usarlo de menos a más y durante la noche.
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