Un pequeño cuenco de barro, unas gotas de agua y un pigmento rojo intenso. No parece el contenido habitual de un neceser, pero es todo lo que necesitas para descubrir uno de los rituales de maquillaje más emblemáticos de Marruecos. Se llama aker fassi y, aunque su presentación tiene poco que ver con los coloretes en crema y los tintes labiales que utilizamos hoy, el resultado busca exactamente lo mismo: aportar ese toque de color que ilumina el rostro y consigue que parezcamos recién llegadas de unas vacaciones. Incluso cuando las vacaciones quedan bastante lejos.
Detrás de este pigmento se esconde una tradición de belleza vinculada especialmente a la ciudad marroquí de Fez. Elaborado tradicionalmente a partir de pétalos de amapola roja y, en algunas preparaciones, cáscara de granada, el aker fassi se utiliza para teñir suavemente labios y mejillas. Su atractivo está en la sencillez, ya que permite conseguir un acabado fresco, natural y modulable sin necesidad de recurrir a demasiados productos. Y aunque las redes sociales hayan contribuido a despertar el interés por este cosmético tradicional, lo cierto es que su historia viene de mucho antes. Eso sí, no todos los productos comercializados con este nombre tienen la misma composición, así que conviene saber qué estamos comprando y cómo utilizarlo correctamente.
Qué es el aker fassi
El aker fassi, también conocido como akar fassi o aker el fassi, es un pigmento cosmético tradicional de Marruecos que se utiliza principalmente para aportar color a los labios y las mejillas.
Su elaboración tradicional se basa en pétalos secos de amapola roja (Papaver rhoeas), a los que, según la preparación, se añade cáscara de granada seca y molida. El resultado es un pigmento de tonalidad rojiza que puede variar de intensidad dependiendo de su composición y de la cantidad aplicada.
Uno de sus formatos más característicos es el pequeño cuenco de terracota que contiene el pigmento adherido a su superficie. Para utilizarlo, basta con humedecer ligeramente el producto y recoger un poco de color.
Para qué sirve el aker fassi
Su principal función es aportar color. Y precisamente ahí está su encanto.
Para dar un tono natural a los labios
El aker fassi puede utilizarse como un tinte labial que deja un acabado rojizo o rosado, dependiendo de la cantidad de producto y del tono natural de los labios. A diferencia de muchos pintalabios convencionales, no busca necesariamente una cobertura completamente uniforme y opaca. Su atractivo está en ese efecto de labios ligeramente teñidos, como si su color natural se hubiera intensificado.
- Eso sí, el pigmento tradicional no sustituye a un bálsamo hidratante. Si tienes los labios secos, conviene cuidarlos con un producto específico antes o después de maquillarlos.
Para conseguir unas mejillas sonrojadas
Este es uno de sus usos más interesantes si buscas un maquillaje fresco y favorecedor. Aplicado en pequeñas cantidades sobre las mejillas, puede aportar un rubor que recuerda al aspecto de la piel después de un paseo al aire libre. La clave está en difuminarlo bien y empezar con muy poco producto. Porque una cosa es conseguir ese efecto de buena cara y otra bastante distinta es parecer que acabas de correr una maratón.
Para crear un maquillaje sencillo y luminoso
El aker fassi encaja especialmente bien en los maquillajes que buscan realzar los rasgos sin ocultar la piel. Un poco de corrector donde lo necesites, las cejas peinadas, una capa de máscara de pestañas y un toque de color en labios y mejillas pueden ser suficientes para conseguir un look fresco.
Además, utilizar tonos similares en distintas zonas del rostro ayuda a crear un resultado armonioso, una de las claves del maquillaje monocromático.
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