En el mundo de los productos capilares algunos parecen sencillísimos hasta que llega el momento de utilizarlos. El aceite de pelo es uno de ellos. En teoría, basta con aplicar unas gotas para conseguir una melena brillante, suave y digna de un anuncio. En la práctica, la diferencia entre un acabado espectacular y unas puntas que parecen llevar tres días sin lavarse puede estar en una sola gota. Y sí, todas hemos aprendido esta lección por las malas.
Aunque solemos hablar del aceite capilar como si fuera un único producto, existen fórmulas muy diferentes. Algunas están pensadas para aportar brillo y suavidad al cabello seco, otras funcionan como tratamientos antes del lavado y algunas se utilizan específicamente sobre el cuero cabelludo. No todos los aceites sirven para lo mismo ni deberían aplicarse de la misma manera, por mucho que el envase prometa transformar nuestra melena en cuestión de segundos.
Además, el momento en el que lo apliques también importa. Podemos utilizar un aceite antes de lavar el cabello, después de la ducha o incluso sobre el pelo seco para controlar el encrespamiento y mejorar el aspecto de las puntas. La clave está en entender qué queremos conseguir y elegir la cantidad adecuada.
Para qué sirve realmente el aceite capilar
Los aceites capilares ayudan a lubricar la fibra, mejorar la suavidad, aportar brillo y reducir la fricción que se produce al peinarnos. Algunos también contribuyen a disminuir la pérdida de agua del cabello, dependiendo de su composición y de cómo se utilicen.
Eso sí, conviene aclarar un pequeño malentendido: los aceites no hidratan de la misma manera que los ingredientes humectantes, cuya función es atraer agua. Su principal papel suele estar relacionado con el acondicionamiento y la protección de la superficie capilar. Tampoco reparan de forma permanente unas puntas abiertas. Pueden mejorar temporalmente su apariencia, pero cuando el daño es importante, las tijeras siguen teniendo bastante más autoridad que cualquier sérum.
Cuándo aplicar aceite en el cabello
Antes del lavado
Utilizar aceite como tratamiento previo al champú puede ser interesante si tenemos el cabello seco, áspero o especialmente propenso a la rotura. Algunos aceites, como el de coco, han sido estudiados por su capacidad para penetrar parcialmente en la fibra capilar y reducir la pérdida de proteínas en determinadas condiciones.
Podemos aplicar una pequeña cantidad en medios y puntas, dejarla actuar según las indicaciones del producto y lavar después con normalidad. No hace falta dormir con el pelo completamente impregnado para conseguir un buen resultado.
Después del lavado, con el pelo húmedo
Este es uno de los momentos más habituales para utilizar un aceite de acabado. Con el cabello ligeramente húmedo, unas gotas repartidas entre las manos y aplicadas de medios a puntas pueden ayudar a mejorar el desenredado y aportar suavidad.
Empieza siempre con poca cantidad, especialmente si tienes el pelo fino. Añadir otra gota es muy fácil; retirar el exceso sin volver a lavarte la cabeza, bastante menos.
- Y recuerda: que un aceite deje el cabello más suave no significa que funcione automáticamente como protector térmico. Si vas a utilizar secador o planchas, comprueba que el producto esté formulado específicamente para ofrecer esa protección.
Sobre el cabello seco
Si buscas controlar algunos pelitos encrespados, aportar brillo o mejorar el aspecto de las puntas entre lavados, puedes aplicar una cantidad mínima sobre el pelo seco. Lo mejor es calentar el producto entre las palmas y distribuirlo suavemente, evitando concentrarlo en un único mechón.
Google NewsCategoría: Cabello
