Terminamos el verano con buenos recuerdos, alguna fotografía que permanecerá meses en nuestras redes y, en ocasiones, una piel que parece haberse traído también ciertos souvenirs. Textura irregular, tono apagado o manchas más visibles pueden hacer que, cuando disminuyen las horas de playa y piscina, empecemos a interesarnos por tratamientos destinados a renovar el aspecto de la piel. Y es aquí donde el peeling vuelve a convertirse en uno de los grandes protagonistas.
Los peelings químicos utilizan determinadas sustancias para producir una exfoliación controlada de la piel y, dependiendo de su profundidad, pueden emplearse para mejorar la textura, determinadas alteraciones de la pigmentación, algunas marcas de acné y líneas finas. Sin embargo, después del verano no necesitamos exfoliar la piel simplemente porque haya cambiado la estación. El procedimiento debe elegirse según nuestras necesidades, nuestro fototipo y el estado en el que se encuentre la piel.
Lo que sí hace importante el momento elegido es el sol. Tras un peeling, la piel puede quedar más sensible a la radiación solar, por lo que la fotoprotección resulta fundamental. De ahí que los meses en los que reducimos nuestra exposición puedan resultar más cómodos para determinados procedimientos.
Por qué hacerse un peeling después del verano
Durante los meses de mayor exposición solar pueden hacerse más evidentes algunas alteraciones del tono y signos de fotodaño. Un peeling bien indicado puede ayudar a mejorar la uniformidad, luminosidad y textura de la piel, aunque los resultados dependerán tanto del problema que queramos tratar como de la profundidad y el tipo de procedimiento elegido.
Además, no todos los peelings son iguales. Los superficiales actúan sobre las capas más externas, mientras que los medios y profundos llegan más lejos y requieren mayor tiempo de recuperación. Más intensidad no significa automáticamente una mejor elección.
Consejos antes y después de un peeling
El primer consejo es probablemente el más importante: no llegues al tratamiento con la piel irritada o quemada por el sol. La exposición solar excesiva antes del procedimiento puede aumentar el riesgo de alteraciones de la pigmentación. Después, sigue las indicaciones del profesional respecto a limpieza, hidratación y recuperación. No arranques las pieles que puedan aparecer ni intentes acelerar la descamación con exfoliantes adicionales. La piel acaba de pasar por una exfoliación controlada; definitivamente no necesita que nosotros decidamos terminar el trabajo.
Y, por supuesto, utiliza protección solar diariamente. La piel recién tratada es especialmente vulnerable al sol y una nueva exposición puede favorecer precisamente algunos de los problemas de pigmentación que intentábamos mejorar.
Precauciones que debes tener en cuenta
Los peelings químicos pueden provocar enrojecimiento, irritación y cambios temporales en la pigmentación y, en procedimientos más intensos, existen riesgos como cicatrices o infección. Algunos cambios pigmentarios son además más frecuentes en determinados tonos de piel. Por eso, especialmente cuando hablamos de peelings medios o profundos, la valoración profesional resulta imprescindible.
También debemos informar sobre medicamentos, tratamientos dermatológicos previos, tendencia a formar queloides o antecedentes de herpes labial, entre otras cuestiones relevantes antes del procedimiento.
En definitiva, el otoño puede ser un buen momento para valorar un peeling, pero no porque nuestra piel necesite obligatoriamente una puesta a punto después de cada verano. El mejor peeling no es el más fuerte ni el que consigue que pasemos una semana escondidas en casa: es el que está correctamente indicado para nuestra piel y nuestros objetivos.
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