Ciertas palabras que aparecen en las etiquetas de los cosméticos las aceptamos sin hacer demasiadas preguntas, como es el caso de antioxidante, detox, clean, no comedogénico… Esta última probablemente la hayas buscado alguna vez si tienes la piel grasa o con tendencia al acné. Porque, sobre el papel, parece bastante sencillo: si un producto es comedogénico, provoca granitos; si no lo es, vía libre. Ojalá el skincare funcionara siempre con instrucciones tan fáciles. La realidad es un poco más interesante.
¿Qué significa comedogénico?
El término comedogénico hace referencia a la capacidad de una sustancia o producto para favorecer la formación de comedones, es decir, poros obstruidos que pueden manifestarse como puntos negros (comedones abiertos) o pequeños puntos blancos (comedones cerrados). El acné aparece cuando los folículos pilosos se obstruyen con sebo y células muertas, y en su desarrollo también intervienen otros factores, como las bacterias y la inflamación. Por tanto, un cosmético potencialmente comedogénico podría contribuir a esa obstrucción en determinadas personas.
Pero aquí llega el primer matiz importante: comedogénico no significa automáticamente “te va a producir acné”.
¿Qué quiere decir entonces “no comedogénico”?
Cuando una crema, maquillaje o protector solar indica que es no comedogénico, significa que ha sido formulado pensando en minimizar la posibilidad de obstruir los poros. La Academia Americana de Dermatología recomienda precisamente buscar productos identificados como oil-free, non-comedogenic o que indiquen que no obstruyen los poros cuando tenemos una piel con tendencia acneica. Eso sí, tampoco constituye una garantía de que nunca aparecerá un granito.
Quiero decir: dos personas pueden utilizar exactamente la misma crema y obtener resultados completamente diferentes. La piel, como siempre, tiene cierta afición por ignorar nuestras teorías perfectamente organizadas.
¿Existe realmente una lista de ingredientes comedogénicos?
Seguro que has visto alguna: aceite de coco, mantecas, determinados emolientes… acompañados incluso de puntuaciones del 0 al 5 que supuestamente indican cuánto van a obstruir nuestros poros. Conviene interpretar estas listas con prudencia.
Muchas escalas de comedogenicidad tienen su origen en antiguos modelos experimentales, incluidos ensayos realizados en orejas de conejo, cuyos resultados no necesariamente permiten predecir exactamente qué ocurrirá cuando una fórmula cosmética completa se utilice sobre la piel humana.
Además, un ingrediente aislado no se comporta igual dentro de un producto terminado. Importan su concentración, el resto de la fórmula, el vehículo y, por supuesto, nuestra propia piel. Así que descartar una hidratante estupenda porque uno de sus ingredientes tiene un “4” en una tabla encontrada a las dos de la mañana quizá sea adelantarnos un poco.
¿Quién debería prestar más atención?
Si tienes piel grasa o mixta, tendencia a desarrollar comedones o acné, elegir fórmulas etiquetadas como no comedogénicas es un buen punto de partida. También conviene observar cómo responde tu piel al introducir productos nuevos. Si después de varias semanas comienzan a aparecer pequeños comedones en zonas donde normalmente no los tienes, revisa qué has incorporado recientemente.
Además, eso tampoco significa que cualquier granito nuevo tenga un único culpable cosmético: el acné es multifactorial y suele estar influido por numerosos elementos.
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