Para muchas, el verano sigue siendo sinónimo de piel morena. Aunque cada vez existe más información sobre la importancia de protegerse del sol, todavía hay quien pasa horas tomando el sol o recurre con frecuencia a las cabinas de rayos UVA con el objetivo de conseguir un bronceado cada vez más intenso. El problema aparece cuando esa búsqueda deja de ser puntual y se convierte en una auténtica obsesión. Es entonces cuando hablamos de tanorexia.
La tanorexia no consiste simplemente en que te guste estar morena. Se caracteriza por una necesidad constante de seguir bronceándose porque la persona siente que nunca tiene suficiente color, aunque objetivamente su piel ya esté muy bronceada. Esta conducta aumenta la exposición a la radiación ultravioleta y, con ella, el riesgo de sufrir daños importantes en la piel. Por eso conviene conocer en qué consiste y por qué puede convertirse en un problema para la salud.
Qué es la tanorexia
La tanorexia es la obsesión por conseguir un bronceado cada vez más intenso. Las personas que la padecen sienten que su piel sigue estando demasiado clara y buscan exponerse al sol o utilizar cabinas de rayos UVA de forma repetida para oscurecerla todavía más.
Y ojo, porque no es solo una cuestión estética. Aunque el objetivo sea cambiar el aspecto de la piel, el problema va mucho más allá. La tanorexia implica una percepción poco realista de la propia imagen. La persona nunca se ve lo suficientemente morena y siente la necesidad de seguir bronceándose.
Por qué la tanorexia es un problema
El sol acelera el envejecimiento de la piel
La radiación ultravioleta daña las fibras de colágeno y elastina. Como consecuencia, aparecen antes las arrugas, las manchas, la pérdida de firmeza y otros signos de envejecimiento que podrían haberse retrasado con una buena protección solar.
También aumenta el riesgo de cáncer de piel
El daño provocado por el sol no es únicamente estético. Cuanta mayor es la exposición a la radiación ultravioleta, mayor es el riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer de piel. Por eso los dermatólogos insisten tanto en la importancia de protegerse todos los días.
Las cabinas de rayos UVA tampoco son seguras
Existe la falsa creencia de que las cabinas broncean de forma más controlada. Sin embargo, también emiten radiación ultravioleta y aumentan el daño acumulado sobre la piel, además de acelerar el fotoenvejecimiento.
El bronceado no protege la piel
Muchas personas creen que, una vez morenas, ya no necesitan utilizar protector solar. La realidad es que el bronceado ya representa una respuesta de la piel al daño solar. No evita las quemaduras ni sustituye la protección frente a la radiación.
Un tono bonito no depende de pasar horas al sol
Si te gusta el aspecto de la piel bronceada, existen alternativas mucho más seguras. Los autobronceadores permiten conseguir que tengas color sin la enecesidad de exponerte a la radiación ultravioleta y sin aumentar el riesgo de daños en la piel.
Disfruta del sol, pero con sentido común
Tomar el sol forma parte del verano, pero hacerlo sin protección tiene consecuencias que se acumulan con los años. Utilizar protector solar, evitar las horas centrales del día y no convertir el bronceado en una obsesión hará que notes la diferencia a largo plazo.
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